Un día Ro me escribe un whatsapp y me dice, – ¿Que haces en año nuevo?. – A lo que respondí automáticamente, – Nada, ¿que planes tenes?

 

Entre un par de mensajes mas intercambiando ideas, decidimos irnos a pasar año nuevo a un Refugio de montaña en Bariloche (nuestra elección fue el Refugio Laguna Negra). Buscando la tranquilidad pero a su vez algo nuevo en nuestras vidas. No queríamos seguir pasando días como estos rodeados de las mismas cosas como todos los años. Necesitábamos algo pero aun no sabíamos que…

Y así empezó nuestra aventura…

Elegimos que día irnos y emprendimos el viaje en el auto, cargamos lo suficiente para un par de días y las cosas necesarias para acampar porque aun no decidíamos si íbamos a camping o a hostel. Cosa que terminamos de definir cuando llegamos a Colonia Suiza y vimos que definitivamente queríamos ahorrar, y por cuestiones de cercanía a la entrada del sendero que íbamos a hacer, nos quedaba mejor ir a un camping.

Antes que todo y por recomendaciones que habíamos visto, llegando a Bariloche nos acercamos al Club Andino para consultar como estaba el sendero para subir al Refugio de Laguna Negra. Teniendo el visto bueno del camino y la recomendación de que subiéramos temprano porque era una fecha en la que iba mucha gente nos fuimos a acomodar.

 

En medio del pequeño paraje de Colonia Suiza, a unos pocos kilómetros del centro de Bariloche, nos adentramos en el camping de Anita o mejor conocido como Camping SER. Un hermoso lugar, con muchísimas comodidades y atendido de manera excepcional por su dueña. La verdad no esperábamos tanta atención y preocupación por todos los que allí se quedaban. ¡¡Sumamente recomendable!!!

Pasamos la tarde conociendo la pequeña colonia y obviamente  probando un poco de las cosas locales, como un pan y el dulce de leche caseros. La verdad que a pesar de ser una época en que se llena de turistas la gente local tiene una atención muy cálida con todos, y te aconsejan con lo que conocen y saben.

Realmente un lugar hermoso. Aun que sea para ir a pasar el día, vale la pena conocerlo y aprovechar los hermosos momentos que te presenta estar sentado a la orilla del Lago Perito Moreno.

 

La idea de poder dormir lo mejor posible para estar listas al otro día, fue solo un pensamiento que pasó por nuestras cabezas, porque el frió que hizo esa noche no tiene nombre. De querer despertarnos a las 8 am, nos tuvimos que levantar a las 5.30am muertas de frió para meternos al auto a tomar un té y después unos mates porque necesitábamos entrar en calor. (Que conste que la calefacción del auto no funcionaba).

 

Así que con un desayuno bien temprano, juntamos las cosas y las dejamos en el auto que quedaba ahí, para emprender nuestro camino de varias horas al refugio.

 

Empieza la subida

Según la información que teníamos, el sendero al refugio se puede hacer entre 4 y 6 horas, y son al rededor de 14km. Un sendero muy tranquilo y fácil de hacer. Aun que recomiendo ir con un calzado apropiado y cómodo ya que son varios kilómetros y hay partes en los que pasas por algunos arroyos en lo que se puede mojar.

No fue sino, hasta que llegamos arriba y estuvimos hablando con algunas personas, que nos dimos cuenta que la mayoría de la gente sube mas tarde. Y nosotras en nuestro desconocimiento y tomando al pie de la letra el consejo de que subamos temprano, a las 9 ya estábamos en el sendero. Pero gracias a eso pudimos aprovechar el camino con una tranquilidad y disfrutando cada imagen y sonido que nos presentaba la naturaleza.

Realmente el sendero es impresionante, casi todo el trayecto vas costeando un arroyo, subiendo y bajando por tierra, piedras, pequeños arroyos que bajan de algún lugar misterioso entre los arboles. Algo indescriptible pero que es necesario ir con la simple certeza de que todo el tiempo te va a impresionar.

Paramos a comer, tomar fotos, descansar o simplemente mirar lo que nos rodeaba. Subimos mas rápido de lo que creímos que tardaríamos y llegamos justo en un momento de recambio en el refugio. Ya que mucha de la gente que estaba allí, ya se estaban preparando para descender.

Fue el mejor momento para llegar, ya que aprovechamos eso para charla con los chicos que trabajaban de refugistas ahí, conocer como es la vida en ese lugar en los momentos en que no hay tanto movimiento, apreciar la tranquilidad que te brinda la montaña. Y nuevamente tomar unos mates.

Nos acomodamos y dormimos una pequeña siesta para descansar del trayecto. Cuando bajamos a merendar ya había llegado mucha mas gente que estaba subiendo para pasar allí año nuevo. En esos lugares, las mesas son pocas y por lo tanto se comparten los lugares, lo que lo hace aun mas genial ya que te permite interactuar y conocer a mucha gente.

La verdad que la experiencia de pasar ahí año nuevo no tiene nombre. Es sorprendente la conexión que uno genera con todas las personas que son desconocidas pero que a la vez sentís que tenes algo en común; con quienes sin importar el lugar de donde sea, te vas a entender y no te vas a preocupar por nada mas: ni el atuendo, ni el peinado, ni lo físico. ¡Nada! En la montaña cada uno es autentico y eso es lo que importa.

Para nuestra sorpresa, y la de los refugistas, esa noche fue un record de gente, que superó la capacidad a la que estaban acostumbrados a tener. Eramos muchos en un espacio pequeño, pero no nos importaba, todos eramos felices y estábamos a la espera de poder hacer el conteo para la llegada del nuevo año.

Entre velas, risas y una ronda de guitarreada que se armó, festejamos ese nuevo inicio cargado de buenas energías y renovación  que necesitábamos.

Mucho mas que contar no hay, ya que fue un viaje mas lleno de emociones indescriptibles que de anécdotas para resaltar.

Nuevas aventuras, nuevos amigos, nuevas impresiones que quedaran grabadas en nosotras y que nos dieron el empujón que necesitábamos tener para arrancar el año con todo.

EXPERIENCIA SUPER RECOMENDABLE

Conocé la experiencia de un Refugio en la montaña
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